








Los lubricantes destinados a uso industrial, así como los utilizados en el sector de la automoción, se degradan a lo largo de su vida útil, perdiendo sus propiedades iniciales e incorporando sustancias tóxicas, a los metales pesados que puedan contener, debido a su exposición a altas temperaturas y la presión dentro de los motores, máquinas y procesos en los que se utilizan. De no ser gestionados correctamente, sus consecuencias para el medio ambiente pueden ser muy peligrosas, puesto que el residuo es líquido y puede infiltrarse o dispersarse con facilidad en los suelos o en los cauces de agua y otros recursos hídricos.
Sin embargo, y debido a que los aceites usados conservan gran parte de los hidrocarburos presentes originariamente en el producto, es posible aprovechar este residuo prácticamente al 100% a través de dos tipos de tratamientos: la regeneración y la valorización para su posterior aprovechamiento energético (lo que denominamos valorización energética).
Ambos suponen la reintegración en el mercado del residuo como nuevos productos, y por tanto son un claro ejemplo de Economía Circular.
Una vez recogido, el aceite usado se traslada a Centros de Transferencia o a Plantas de Tratamiento, donde se realiza una primera descontaminación del residuo y se analiza su composición para determinar su destino final óptimo, que puede ser:
Los aceites usados son sometidos a un proceso físico-químico con el objetivo de obtener un aceite base que pueda ser utilizado en la formulación de nuevos aceites lubricantes: con tres litros de aceite usado es posible obtener dos litros de base regenerada. De esta forma, además de hacer posible un importante ahorro de materias primas, debido a que se evita la utilización de petróleo de primer refino para obtener aceites lubricantes, este proceso también supone importantes ahorros de energía y de emisiones contaminantes.
La normativa europea y española considera este tratamiento como el prioritario desde el punto de vista ambiental, ya que permite reintroducir el producto en el mercado en forma de nuevo lubricante, con similares características, dentro de un proceso que puede tener lugar indefinidas veces. Es, por tanto, la opción más sostenible. En España, la legislación establece como objetivo que un 65%, como mínimo, de los aceites industriales usados regenerables recogidos se destinen a este tratamiento.
En otros casos, como en el de muchos lubricantes utilizados en el sector industrial, cuyos residuos contienen cantidades importantes de agua o sedimentos metálicos, los aceites usados deben destinarse a su valorización energética, ya que sus características no los hacen idóneos o directamente imposibilitan su regeneración. Estos aceites usados son tratados para su posterior aprovechamiento energético, sometiéndose a una descontaminación mediante procesos físicos como decantación, centrifugación o filtrado, así como reactivos químicos, para convertirlo en un combustible de uso industrial de características similares al fuel óleo, que además ofrece un alto poder calorífico y un menor índice de azufre.
Por esta razón, el combustible que se obtiene con este tratamiento se destina habitualmente a procesos industriales en los que se precisa una gran cantidad de energía, como los de las papeleras, cementeras y de otros materiales de construcción, como cerámicas, yeso o áridos, o bien a centrales térmicas o de cogeneración eléctrica.
SIGAUS integra en su hoja de ruta distintas líneas de trabajo con las que busca el equilibrio entre el desarrollo económico (a partir de la comercialización y el consumo de lubricantes cada vez más eficientes) y la protección del medio ambiente. Actuando en paralelo sobre la prevención, la protección y la preservación se logran importantes efectos directos e indirectos que redundan en grandes beneficios ambientales.
Analizando la evolución de los dos grandes tratamientos dados al aceite usado en España, desde que SIGAUS asume la financiación de la gestión del residuo, en 2007, pueden apreciarse tres periodos diferenciados.
Hasta 2013, el volumen regenerado fue descendiendo progresivamente, en paralelo al descenso de aceite usado recogido (consecuencia, a su vez, de la crisis económica y la fuerte caída en el consumo de lubricantes). De esta forma, la regeneración ‘perdió’ 44.000 t en 6 años, de las 47.000 t generadas menos en 2013 respecto a 2007. Mientras, la valorización energética se mantuvo en torno a 45-50.000 t/año. La escalada del precio del petróleo y sus derivados durante este periodo, y la buena salida al mercado del aceite usado tratado como combustible pudieron ser la principal causa de esta evolución desigual.
Entre 2013 y 2015 la tendencia se invierte y la regeneración experimenta un giro al alza, mientras que el aceite usado valorizado energéticamente cae drásticamente hasta por debajo de las 30.000 t/año.
Por último, en los dos últimos ejercicios se ha constatado una cierta volatilidad en la evolución del volumen regenerado (que descendió en 2016 y ascendió en 2017), mientras que tratar el aceite usado para su utilización como combustible ha recuperado con fuerza las cotas de las 40.000 t/año, gracias a dos ejercicios consecutivos con crecimientos en torno al 20%, en un contexto de cierto aumento del aceite usado generado total, sobre todo en 2017.

Aceites usados destinados a REGENERACIÓN Aceites usados destinados a VALORIZACIÓN ENERGÉTICA* Variación respecto a 2016
* Incluyendo los aceites usados no regenerables que, inevitablemente, han de destinarse a este tratamiento, así como los aceites usados destinados a reciclado material.
Cantidades netas en toneladas.
La razón de ser de SIGAUS, y su objetivo prioritario, es la minimización del riesgo y la prevención del impacto negativo que un residuo tan contaminante como el aceite industrial usado puede provocar en el entorno, por su toxicidad, su escasa biodegradabilidad y sus efectos negativos sobre la salud y el medio ambiente. La labor de SIGAUS va más allá de la mera recogida de residuo, y pasa también por darle una nueva vida, convirtiéndolo en una importante fuente de materias primas.
Como parte del ADN de la Entidad, el carácter medioambiental intrínseco a SIGAUS se materializa también en otras líneas de actuación, como la estrecha colaboración con las autoridades competentes en la materia, el fomento de la regeneración como tratamiento ambientalmente preferente, la máxima exigencia en el cumplimiento de la legislación ambiental a sus agentes colaboradores o el impulso de los principios de Economía Circular.
Gracias a la correcta gestión de los aceites usados se aportan importantes beneficios ambientales, tanto en términos de ahorro de materias primas y energía, como de reducción de emisiones de gases contaminantes.
Los aceites usados conservan gran parte de los hidrocarburos presentes en el lubricante original, lo que permite un alto aprovechamiento de éstos. Tanto la regeneración, con la que se obtiene una base lubricante, como la valorización energética, que aprovecha su poder calorífico, tras una previa descontaminación, son procesos que evitan recurrir al refino del petróleo para producir aceites lubricantes y fuel óleo, respectivamente.
Los procesos productivos –tanto para obtener materias primas como energía– basados en el primer refino del petróleo generan más emisiones contaminantes que el procesado del aceite usado para obtener los mismos productos, debido a que la primera es una técnica más compleja que implica, además, un mayor gasto de energía. Según distintos análisis de ciclo de vida del aceite usado, la sustitución parcial del refino por la regeneración y la valorización energética de éste, libera menores emisiones de efecto invernadero a la atmósfera y, por tanto, aporta grandes beneficios ambientales.
La energía consumida en procesar el aceite usado mediante regeneración y tratamiento para su valorización energética es menor que la necesaria para obtener bases lubricantes y combustible industrial a partir del petróleo, debido a la complejidad de los procesos de refino.